Vientiane

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Una ola de humedad se me metió por cada uno de los poros. Un olor a sencillez, ojos despiertos y mujeres de sonrisas amplias y cabellos negros intensos se atravesaron, encantadoras, ante mis ojos.

La alegría de saber que ahí me esperaban y la curiosidad por visitar templos y parques budistas hicieron parte de mi llegada. En rickshaws (tuctuc) de colores me transporté y visité parques de piedras llenos
de misticismo y de magia.

Una sandía más roja que el rojo de mi bandera, me invitó una y otra vez a saborearla. Vientiane tiene un aire especial de amor y fantasía.

 

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