Mírale compasivamente su ignoracia

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Cuando te encuentres con lo que menos te gusta en la vida, solo míralo con compasión y mírate también a través del prisma del amor puro. Todos somos ignorantes, como niños luchando por nuestra propia verdad, cuando la verdad es una sola, no es de nadie y es de todos.

Compasión e ignorancia son dos palabras con connotaciones un poco tristes y negativas en nuestro idioma. Entendemos por compasión, lástima y por ignorancia, falta de educación. En realidad, la compasión y la ignorancia son la mejor forma de encontrarnos en el punto medio de cualquier situación, de resolver un conflicto con otros o con nosotros mismos.

Cuando nos damos cuenta de nuestra ignorancia, de nuestro saber limitado, de nuestra verdad a medias, comprendemos que hay algo más y más grande del otro lado. Date cuenta también de manera compasiva, de la ignorancia del otro, de su historia, de todo lo que lo ha llevado a pensar, actuar, vivir y amar de esa manera. Date cuenta de que no tenemos la razón y nadie la tiene, que en una historia siempre hay varias verdades, a veces amorosas y a veces dolorosas para alguna de las partes, pero en todos los casos, necesarias.

La compasión no es más que el amor a todo, a lo que nos gusta y a lo que no, amor a los amigos y a los enemigos, a la belleza y a la amargura, a la vitalidad y a la enfermedad. La compasión consiste en amar a todos por igual, pasando por encima de las diferencias y de las verdades individuales. A través de la compasión, conocemos la Verdad.

Siempre hay una verdad para todos, una Única y poderosa Verdad que nos da la razón a todos porque es una verdad amorosa y llena de luz.

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