Los Yoguis también pitan…

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Del mismo creador de “Los Yoguis también Pitan” hoy llega: “Los yoguis también se enferman”.

Hace poco conducía junto a mi amigo de la Universidad y se me atravesó una moto y me pegué del pito (claxon, bocina). El se volteó y me dijo: ¿Cómo así? ¿Los yoguis también pitan? Si. Los yoguis también pitamos, o por lo menos yo pito de vez en cuando cuando es necesario para no chocar en este tráfico insensato. Entre risas titulé mi próximo libro y hoy me inspiré en este post.

Ayer, al dirigirme a la clase del Parque del Triángulo me encontré conmigo misma, congestionada, mocosa, con dolor de cabeza víctima de un resfriado de esos que te hacen lagrimear. Pensé, algo anda mal. Yo que soy tan fan del sistema inmune fuerte y que tengo tan claro el discurso del balance de las emociones y de la salud, aquí estoy con este malestar que no me aguanto.

Así que pensé, así como los yoguis también pitamos y sufrimos en el tráfico, también nos enfermamos y también bailamos y reímos y lloramos, o por lo menos yo cuando con honestidad y sin tanto “lable y tag” me reconozco. A veces construimos imágenes al rededor de lo que verdaderamente y en esencia somos y aunque queramos parecer fuertes somos vulnerables, y aunque queramos sentirnos como un producto terminado, estamos y estaremos en proceso de transformación eternamente.

Yo me reconozco desde mi honestidad. A veces quisiera que no me importara lo que pasa en el mundo o poder aceptar la maldad así como acepto la bondad pero aun me cuesta y sigo prefiriendo la paz a la guerra. Aunque me comunico desde el amor y la ternura, de vez en cuando se me salen groserías, como ayer cuando venía llegando a mi casa con un panal de huevos y se me cayeron todos en la entrada del edificio. Yo soy vegetariana desde hace 8 años pero cuando viajo y no tengo a la mano buena proteína vegetal como pescado. He comido pescado en el Cabo de la Vela, en Salento, en el Pacífico y comeré cuando vaya a Providencia a mis retiros. Desde el 2012 no me pongo tacones, pero de vez en cuando me gusta sentirme alta y caminar empinada. Aunque canto mantras y me despierto con hermosas canciones, a veces me pesco a mi misma cantando “des – pa – ci – to” y moviéndome al ritmo del pegajoso reggaeton, aunque tengo una linda relación de pareja, tengo momentos de crisis también… así es…No somos 100% nada de lo que queremos ser, no somos lo que pretendemos ser, somos lo que somos y a través de nuestra honestidad con otros y con nosotros mismos podemos reconocernos.

Recuerdo mucho la historia de una profesora de yoga en Bogotá que se suicidó. En su búsqueda desesperada por encontrarse, no pudo enfrentarse con su esencia tal como era y no soportó el peso del “deber ser del yogui”. No soportó asumirse como una persona normal, común y corriente en un camino de encuentros y desencuentros. Todos tenemos nuestras dudas, nuestros miedos y nuestros imbalances. Nada ganamos creando una imagen cuando en esencia no nos hemos reconocido. Por eso mi mantra desde ayer ha sido “gracias a mi honestidad, yo me reconozco” y  “gracias a tu honestidad, yo te reconozco”. (Esta gripita me sirvió para bastante).

Como lo dijo Gandhi: “es mejor ser violento, si hay violencia en nuestros corazones, que colocarnos una capa de no-violencia para cubrir la impotencia.“. Desde lo que hay transformaremos y desde lo que encontremos adentro construiremos.

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