Hacia Egipto

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Algunos estarán sorprendidos con mi nuevo rumbo, otros comprenderán que hace parte de mi esencia estar aquí y allá y los más curiosos se preguntarán porqué si la aventura apenas comenzaba he decidido viajar a otro lugar. Pienso que la respuesta la tiene la vida misma, más que yo y que soy quien intentará contarla mientras me encuentre en este lugar.

Mientras viajo en este avión de Royal Jordanian hacia la ciudad de Amman, veo señales que me dicen: disfruta tu vuelo y sentada en la última fila del avión, observo el mapa en movimiento de mi recorrido desde Bombay. Estoy atravesando la Península Arábiga y atrás se ha quedado el Océano Índigo. Estaré mis primeros días en Sharm el Sheik, conocida como la ciudad de la paz, por la gran cantidad de tratados que ahí se han firmado. Yo también firmaré un tratado de paz también. Un tratado de paz con mi destino porque he decidido fluir con él en vez de intentar controlarlo.

En Sharm el Sheik me espera la calma, la paz y la certeza. Me espera un tiempo de entrega y de creación. Es un viaje místico al pasado de mis vidas que tiene sonidos de tambores y sabores de desierto, olor a olivas y dátiles, calor de fuego y color rojo.

Como ya es costumbre agradezco y sospecho que viene la mejor parte. ¿De aquí para dónde? No lo se. Tengo un buen tiempo para pensar. Quiero poner sobre el papel todos los proyectos que han nacido en mi corazón. Esos que me hacen vibrar y que serán el sustento de mi alma y de mi vida.

A la India volveré después de encontrar una verdad que me hace falta para seguir y que mi destino me está regalando. Se que mis niños en el programa de voluntariado aún me esperan y rezo por ellos aún sin conocerlos. En la India todavía me quedan mil cosas por aprender y por entregar.

En estos casi 2 meses en la India, me he preparado para avanzar sin miedo y sin control, me ha hecho fuerte físicamente, emocionalmente y mentalmente. No puedo decir que soy otra pero debo confesar que a veces me sorprendo de mi misma y del poder de mis acciones, de mis palabras y de mis pensamientos. He aprendido que una vez logras controlar tu mente solo queda descansar en la conciencia suprema y confiar en la perfección de su obra.