Ganges

publicado en: Momentos | 1

A las 5 y media de la mañana, luego de mi meditación, las aguas hélidas del río tonificaron mis músculos y sentí el frío de los Himalayas penetrar mi cuerpo. Ahí está el Ganges queriendo ser tocado, esperando sanar con sus aguas milagrosas. Al río, se le pide lo que se le pide a una madre, amor. Al río, se le entregan las penas y los dolores, las tristezas y decepciones y se recibe del agua que viene corriendo, aceptación, esperanza y nuevas oportunidades.

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En este río se fueron mis lágrimas. Mis pensamientos se hicieron claros y mi corazón que sufría empezó a palpitar al ritmo de la corriente. Me dejé llevar, floté y nadé hasta la orilla. Conocí a quienes buscan llegar al mismo lado y una vez más agradecí. Encontré aquello que buscaba, aquello que necesitaba. Amor propio y conciencia de lo que soy se instalaron en mi alma. Mojada de positivismo y húmeda de felicidad una y otra vez agradezco al río que todo se lleva.

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En el Ganjes, río de vida y de muerte, nacieron nuevos sueños y murieron aquellos que ocupaban innecesariamente mi mente. Nació el amor y murió la inseguridad y la aflicción. En el Ganges, nació una parte de la mujer que estoy construyendo, de la mujer que quiero ser, la poderosa, fuerte, armoniosa, amorosa, sana, valiente, inteligente, creativa, joven y feliz, esa mujer que todas somos y merecemos ser.

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