De comunicadora a Yogui

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Muchos comunicadores y periodistas en ocasiones terminan haciendo cosas que no se esperaban, poco o nada relacionadas con su profesión, buscan otras opciones por falta de oportunidades, economía, facilidad, poca pasión e infinidades de razones que validas o no, hacen que esta profesión sea un reto para el que la estudió y una facilidad para el que no.

 

Pero este no es el caso de María Elisa, caleña , egresada de la facultad de Comunicación con énfasis en Periodismo de la Pontificia Universidad Javeriana Bogotá. Una liceísta que toda la vida había soñado con ser periodista y que por el ‘rollo’ de la independencia, la libertad y el simple hecho de vivir sola, la llevaron a la fría Bogotá, que en este momento solo le gusta por eso, por lo fría. Ella a diferencia de los colegas que terminan por circunstancias de la vida o falta de oportunidades en otras cosas, decidió darle un vuelco a su profesión, por convicción y amor a sí misma.

 

Al terminar sus estudios y practicas en CM& , entró a trabajar en el sector público y desde ahí se empezó a hacer cargo de varias responsabilidades. A parte del trabajo que debía hacer en “Agricultura al día”, un programa del Ministerio de Agricultura, que le exigía viajar a los pueblos mas recónditos de Colombia, María Elisa hacía una maestría en Ciencias Políticas en la Universidad de los Andes.

 

“A mi me gustaba el periodismo político y se me metió que para poder ser periodista política, tenia que estudiar algo relacionado con esto. La política siempre me gustó por el aspecto social, por poder trabajar con la gente, yo sentía que a través de la política se podía hacer mucho, luego me di cuenta que no sirve para mucho”.

 

En medio de la exigencia académica de una de las mejores universidades del país, la búsqueda de un cambio social a través de la política, su posterior desilusión y constantes viajes, María Elisa conoció el yoga. “Cuando estaba trabajando en el Ministerio de Agricultura y estudiando la maestría, viví una época muy pesada, muchas veces estaba en la U y me llamaban a decirme ‘quiubo que no ha llegado, le compramos un pasaje, váyase al aeropuerto ya’. Para nivelar esa carga, una amiga paisa me invitó a una clase de yoga”. Desde ese momento María Elisa tuvo una gran conexión con el mundo yogui, pero nunca se imagino que fuera de esas conexiones que cambian la vida.

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Luego de dedicar su vida al sector público por cuatro años, se dio cuenta que la política no era lo suyo, pero acepta que gracias a su maestría, tiene una base en lo social más fuerte, característica que combinada con las relaciones públicas, le sirvió para entrar al sector privado. Su travesía en el sector privado comenzó donde todo había empezado, en Cali, esa ciudad que años después le iba a devolver la paz y tranquilidad que tanto necesitaba. “Me vine a Cali dos años y trabaje como Coordinadora de comunicaciones del Grupo Manuelita, coordinaba todas las comunicaciones del grupo a nivel de Latinoamérica. Era un cargo de multinacional, grande y de mucha responsabilidad, ahí hice una muy buena carrera. En todos los lugares donde estuve fui muy feliz, nunca tuve un problema muy grande y siempre me gustó lo que hacía. Manuelita me gustó porque había mucho contacto con la gente, con respecto a los corteros se hacía mucho, en ese momento estaban apostándole a la responsabilidad social y sostenibilidad y era muy interesante hacer cosas para eso, eso me lo goce muchísimo”.

 

En ese momento de su vida, volvió a tener acercamiento con el mundo del yoga e hizo sus primeros dos cursos, uno de Power Yoga con Martin Morris y otro para enseñar. “Sin embargo no me sentía lista, ni segura, y lo veía de manera muy lejana, yo pensaba que eso era para cuando yo tuviera  45 o 50 años, estuviera casada y me quisiera retirar”.

 

Pero cómo lo que se planea o piensa, no es siempre lo que se hace, María Elisa estaba a punto de entrar al trabajo que le haría ver que su ‘retiro’ para ser profesora de yoga, estaba a la vuelta de un gran viaje.

“Yendo hacia Chile, me hicieron un upgrade y me fui en primer clase y al lado se sentó un señor que resultó ser el director de asuntos corporativos de una empresa multinacional. Después de mucho conversar, me dijo ‘yo quiero que usted se venga a trabajar conmigo’ y me hizo una propuesta súper chévere, cuando llegue de mi viaje de 15 días, me hicieron pruebas y a  principios de enero de ese mismo año ya estaba en Bogotá de nuevo, trabajando como gerente de comunicaciones y reputación de esa empresa”.

 

El ser gerente de comunicaciones y reputación de una empresa como esa, fue un reto bastante alto, pues como bien lo dice ella “a veces hay que defender lo indefendible” y en el proceso de intentarlo, se fue consumiendo en la soledad que le causaba el estar  absorta 100% en su trabajo, en la depresión de no sentirse feliz y explotó. “Me empecé a sentir supremamente mal conmigo misma, pero no sabía como bajarme de esa nube, de todo en lo que estaba metida, por el mismo rango y responsabilidad”.

 

María Elisa se fue de la empresa a los diez meses, esperando poderse reencontrar y volver a ser feliz. “Viví tiempos de muchísimo estrés y de muchísima incertidumbre personal, de preguntarme ¿y yo que?, estudié Ciencia Política y me di cuenta que la política no era, me vine a trabajar al sector privado buscando billete y oportunidades de emprender una carrera hacia el futuro  y también me di cuenta que eso no era; estaba sin respuestas y con muchas preguntas. Entonces me fui para donde una coach amiga mía y estuve allá todo el día, ese día lloré, me reí, me emputé, histérica, triste, después feliz y otra vez triste; hasta que descubrí lo que realmente quería hacer”. Ese día, después de muchas preguntas, María Elisa logró identificar que quería irse lejos, donde siempre había querido estar, haciendo lo que amaba hacer.

 

 

 

El gran viaje

 

Su destino era la India, ese país espiritual y lleno de historia que siempre había soñado conocer, ¿su misión? llegar recargada , fortalecida y con el sueño de su retiro, mas cerca que nunca. “me voy y lo primero que hago es buscar referencias de Áshrams (“un lugar donde están personas concentradas, aprendiendo de un gurú que vive ahí mismo; viviendo una vida donde hay días de silencio, con una dieta vegetariana, donde las comidas son sagradas y no se habla en ellas; donde el contacto entre hombres y mujeres, inclusive visual, es muy restringido; donde no hay abrazos ni besos, donde estás completamente en tu asunto y hay unas reglas muy establecidas. No se puede beber alcohol y no hay casi salidas”) donde pueda recibir mi certificación internacional como profesora de yoga, me dateo muy bien y llego a un pueblo que se llama Nashik , al oeste de la India, abajo de Bombay; con un pasaje por seis mes, posibilidad de aplazarlo, quedarme por siempre o devolverme”.

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Un mes después de estar en el Ashram y ‘con el diploma debajo del brazo’ María Elisa se fue en busca de aventuras, conocimiento, paz  e introspección por todo Asia. Paso 24 y 31 del 2012 (año espiritualmente importante) en Egipto; en Tailandia hizo un curso de Thai Yoga Masaje (masaje tailandés con base de yoga); hizo Trekking por los Himalayas; pero como ella lo afirma, “Mi viaje lo parte en dos mi experiencia en Nepal , ahí conozco el monasterio de los monjes tibetanos que me cambian la vida, la percepción de todo, de la felicidad, tranquilad, de lo que realmente se necesita, de lo simple, de lo importante que es comer y dormir bien. En Nepal me cambia la vida”.

 

Y aunque hubo muchos aspectos que cambiaron 180º después de ese año de viajes, aprendizajes y descubrimientos; María Elisa afirma que muchas cosas viajaron con ella desde Colombia, y que la India y los demás lugares que visitó fueron el espacio donde ratificó esas creencias y costumbres.

 

“Yo me fui medio vegetariana, a veces comía pescado, pero puedo decir que el día que me monté en el avión para irme a la india no volvía a comer carne nunca más por motivos físicos, emocionales, ecológicos y espirituales”.

 

“Cuando tenía 15 años sufrí de hepatitis, lo que hizo que mi hígado no asimilara bien el alcohol. Nunca he sido una persona de trago, me puedo tomar una cerveza y un vino,  pero hasta ahí. En mis épocas de relacionista publica si tomé, pues en muchas reuniones el trago era infaltable. Mi cuerpo es mi templo y el alcohol genera muchos bloqueos energéticos y emocionales”.

 

“Hoy en día, tengo una visión mas holística de la salud y la enfermedad, para mí los síntomas de la enfermedad son una manifestación de algo que te está pasando emocionalmente, encontrar una respuesta es lo más importante, ¿qué me esta queriendo decir este dolor de cabeza? o ¿por qué esto aparece en mí vida, qué mensaje me trae?, eso sería lo primero; y lo segundo son los efectos secundarios que tienen los medicamentos, por ejemplo, el acetaminofén tiene una repercusión en las articulaciones y en los músculos grandísimas y como profesora de yoga, para mí es importante, entonces trato de cuidarlos mucho y de que los dolores simplemente pasen, puede que ni siquiera duren más que el efecto de la pasta, y que el dolor mismo se vaya y uno no tenga que tomar ningún medicamento”.

 

El tema de los hábitos alimenticios, el licor, el manejo de las enfermedades e incluso la espiritualidad y el yoga, son aspectos que siempre habían estado presentes en su vida; era como si estuviera destinada a explorarlos más en profundidad en la tierra de el Buda y posteriormente ponerlos en práctica en la Sucursal del Cielo.

 

Lo que sí le dio el continente Asiático, fue esa determinación para cambiar el manejo de su tiempo, sus finanzas, su profesión y tranquilidad. “Es un antes y un después, mi decisión de dedicarme 100% a mi misión de vida, a lo que amo hacer, a mí misma y a los demás; la decisión de no trabajar para los  intereses de nadie más, es decir, de no ser empleada; la decisión de que mi tiempo es mío y de las personas con las que yo trabajo, no el tiempo de un jefe , de una empresa o el tiempo establecido por un sistema que dice que trabaje desde  las 8 a 5, ese fue el cambio mas grande”

 

El regreso

 

Regresar, siempre es complicado; volver al mismo lugar pero con hábitos diferentes; volver a donde las mismas personas, pero verlas de manera distinta; llamarte igual, pero comportarte como si fueras otra persona.

 

“Al principio cuando volví, el cambio de tener un sueldo fijo a no tenerlo fue un aprendizaje, me dolía no tener una periodicidad en mis pagos o no tener plata todo el tiempo, pero ya me acostumbré, se que la plata llega cuando tiene que llegar y siempre alcanza, siempre está, cuando se le deja circular y se aprende a dar y a recibir en libertad”.

 

A pesar de sentirse en ocasiones un poco agobiada por el tema económico, María Elisa se sentía libre y lista para emprender el proyecto que le daría valor a todo lo que aprendió en su viaje. “Me siento mucho más autentica, mucho más yo, más transparente y honesta conmigo misma, descubrí que haciendo yoga puedo tocar un montón de corazones, puedo hacer que muchas personas que llegan a mis clases sientan cosas diferentes, experimenten un mundo distinto, se den cuenta de la conexión que hay entre el cuerpo y el espíritu, el cuerpo y el alma, el cuerpo y la mente. Ver que la gente llega tensa y sale sonriendo, que entran adoloridos y se devuelven a sus casas relajados no tiene precio. Eso para mi tiene un componente que se llama propósito de vida, y para mí vivir mi propósito de vida me hace feliz.”

 

Actívate yoga

 

María Elisa decide retomar su profesión como periodista y comunicadora a través de su propósito de vida; ese nuevo bebé que era fruto de su viaje y experiencia previa.

 

“Tres meses después de llegar de la India empecé a crear Actívate Yoga. Se  trata de llevar el yoga, la meditación, algunos ejercicios de Coaching y otro tipo de terapias que he aprendido en el camino, a las personas que quieran pasar de un punto A a un punto B en sus vidas, así sea en una sola clase . Obviamente hay un énfasis en lo corporal, pero también mucho en lo mental, en como se vencen  los miedos. Vencer el miedo, es un trabajo continuo para poder llegar a donde tenemos que estar”.

 

A parte de todos los conocimientos que adquirió, ella es consiente que no debe desperdiciar lo que aprendió es sus años universitarios y laborales como comunicadora.  “Yo ahora soy 100% comunicadora de mi misma, en mis clases de yoga siempre estoy trasmitiendo mensajes de lo que para mí es la vida, de cómo debemos resolver una situación, cómo debemos gozarnos cada instante, de cómo el mejor presente que tenemos es vivir en el aquí y en el ahora. Yo soy comunicadora de mí misma, yo escribo todo el tiempo en mi Facebook,  ahí estoy comunicando y estoy siendo 100% leal a mi carrera. Ahora soy Community Manager de mi empresa, tengo que estar en redes sociales, eso también es ser comunicador de alguna manera”

 

Ahora María Elisa vive con Gardel, un labrador que era de su padre; su pareja, un inglés que se trajo de la India; y el sueño de poder ayudar a todas las personas que deseen hacer un cambio en su vida, por mas pequeño que sea, a través del yoga y la meditación.

 

Maria Elisa Gonzalez
activateyogacolombia@gmail.com

Cel. +57 3014363810
Fb. Activateyoga
Ig. Activate_yoga
Youtube: https://www.youtube.com/channel/UCIoowQkXCp_CbgZItOa6XyQ

 

Por: Lina Hernández Caicedo
Periodista – Universidad Autónoma de Occidente